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14 agost 2020

A finales de este año, el hambre provocada por la COVID-19 podría causar 12.000 muertes al día, más que la propia enfermedad
Oxfam Intermon

A finales de este año, el hambre provocada por la COVID-19 podría causar 12.000 muertes al día, más que la propia enfermedad

Surgen nuevos epicentros de hambre en países de renta media como Brasil, India o Sudáfrica. Ocho de las mayores empresas de alimentación y bebidas han pagado a sus accionistas dividendos por valor de 18.000 millones de dólares

Fuente: Oxfam Intermon

  • Surgen nuevos epicentros de hambre en países de renta media como Brasil, India o Sudáfrica
  • Ocho de las mayores empresas de alimentación y bebidas han pagado a sus accionistas dividendos por valor de 18.000 millones de dólares

En su nuevo informe publicado hoy, El Virus del Hambre, Oxfam Intermón alerta de que, a finales de año, el hambre provocada por la COVID-19 podría causar la muerte de hasta 12.000 personas al día, más que la propia enfermedad. La tasa de mortalidad diaria por COVID-19 a nivel mundial alcanzó su pico en abril de 2020, con algo más de 10.000 muertes diarias.


121 millones de personas más, según datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA), podrían acabar al borde de la hambruna a finales de este año a consecuencia de los impactos del colapso económico y social provocado por la pandemia: el desempleo masivo, la alteración de la producción y los suministros alimentarios o la reducción de la ayuda humanitaria.


“La COVID-19 es la gota que ha colmado el vaso para millones de personas que ya tenían que hacer frente a los efectos de los conflictos, el cambio climático y la desigualdad, y a un sistema alimentario disfuncional que ha empobrecido a millones de productores y productoras de alimentos, y de trabajadores y trabajadoras de ese sector”, dice Chema Vera, director ejecutivo interino de Oxfam Internacional.


“Mientras tanto, ocho de las mayores empresas de alimentación y bebidas han pagado a sus accionistas dividendos por valor de 18.000 millones de dólares desde enero de este año”, continúa Vera, “a pesar de que la pandemia ya se estaba extendiendo por todo el mundo. Esta cifra es diez veces superior a la cuantía que Naciones Unidas ha solicitado para evitar que la gente siga pasando hambre.”  


El informe analiza los diez peores “puntos críticos del hambre” del mundo: lugares como Venezuela y Sudán del Sur, donde la crisis alimentaria es grave y está empeorando a consecuencia de la pandemia. Así mismo, destaca la aparición de nuevos epicentros del hambre, países de renta media como la India, Sudáfrica y Brasil, en los que millones de personas que ya antes tenían dificultades para sobrevivir se encuentran ahora en una situación límite debido a la pandemia.


A continuación, se resumen algunos ejemplos:


  • Brasil: Millones de trabajadores y trabajadoras pobres, que apenas disponen de ahorros o prestaciones sociales en los que apoyarse, han perdido sus ingresos a consecuencia del confinamiento. A finales de junio, tan solo se había distribuido un 10% del total de las ayudas económicas comprometidas por el Gobierno federal, que además ha favorecido sobre todo a las grandes empresas, en lugar de a los trabajadores y trabajadoras y a las pequeñas empresas, que son más vulnerables.
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  • India: Las restricciones a los viajes han impedido que los agricultores y agricultoras puedan contratar a trabajadores y trabajadoras migrantes, que son absolutamente esenciales en el momento crítico de la época de la recolección. Esto ha hecho que la mayoría haya tenido que dejar sus cosechas pudriéndose en los campos. Mientras tanto, los y las comerciantes tampoco han podido ir a recoger los productos forestales cultivados por las comunidades tribales, lo cual ha privado a hasta cien millones de personas de su principal fuente anual de ingresos.


  • Yemen: La pérdida masiva de empleos en los países del Golfo ha hecho que, durante los primeros cuatro meses de 2020, los flujos de remesas se hayan reducido en un 80%, una cantidad equivalente a 253 millones de dólares. El cierre de las fronteras y de las rutas de suministro ha generado escasez de alimentos y ha disparado sus precios en un país que importa el 90% de la comida que consume.


  • Sahel: Las restricciones a los movimientos han impedido a las comunidades de pastores trasladar el ganado a pastos más verdes donde alimentarse, lo cual pone en riesgo los medios de vida de millones de personas. Tan solo se ha comprometido un 26% de los 2.800 millones de dólares necesarios para dar respuesta a la COVID-19 en la región.


”La COVID-19 nos está haciendo muchísimo daño”, contaba a Oxfam Intermón Kadidia Diallo, productora de leche en Burkina Faso. “Tengo problemas para poder dar de desayunar a mis hijos. Dependemos totalmente de la venta de leche y, con el cierre de los mercados, ya no podemos venderla. Y, si no vendemos leche, no comemos.”


Las mujeres y las familias encabezadas por mujeres tienen más probabilidades de pasar hambre, a pesar de desempeñar un papel fundamental como productoras de alimentos y trabajadoras del sector agrícola. Las mujeres ya eran vulnerables debido a la discriminación sistémica que sufren, que hace que tengan menos ingresos y posean menos bienes que los hombres.


Además, las mujeres constituyen un porcentaje mayoritario de los colectivos más afectados por el colapso económico derivado de la pandemia, como la mano de obra ocupada en el sector informal, y se han visto afectadas también por el drástico incremento del trabajo de cuidados no remunerado a causa del cierre de los centros educativos y de la enfermedad de sus familiares.  


Los gobiernos tienen que contener la propagación de esta enfermedad mortal, pero es igual de importante que adopten medidas para evitar que las consecuencias socioeconómicas de la pandemia maten de hambre a tantas personas como la propia enfermedad, o incluso a más,” ha dicho Vera.


Los Gobiernos pueden salvar vidas ya, financiando íntegramente el llamamiento humanitario de las Naciones Unidas para la COVID-19, garantizando que la asistencia humanitaria llega a quienes más la necesitan y cancelando los pagos de deuda de los países en desarrollo, para así liberar fondos que permitan financiar los sistemas de protección social y de atención de salud de esos países. Para poner fin a esta crisis de hambre, los gobiernos también deben construir sistemas alimentarios más justos, sólidos y sostenibles, que antepongan los intereses de los productores y productoras de alimentos, y de los trabajadores y trabajadoras agrícolas a los beneficios de las grandes empresas de alimentación y agronegocios,” añade Vera.


 A día de hoy, el ejecutivo español ha desembolsado 97.161 dólares, muy lejos de los 3,3 millones con los que se ha comprometido para responder al llamamiento de Naciones Unidas. España debe defender la ampliación de la iniciativa de alivio de deuda para que pase de términos de suspensión a términos de condonación para el período 2020-2022. Además, el gobierno podría avanzar en la puesta en marcha de un programa de conversión de deuda bilateral por inversiones en salud y respuesta a la COVID-19, mostrando así mayor liderazgo internacional con una iniciativa propia.


Desde el inicio de la pandemia, Oxfam Intermón ha proporcionado asistencia alimentaria y agua potable a 4,5 millones de las personas más vulnerables del mundo, gracias a su colaboración con 344 organizaciones socias en 62 países. Nuestro objetivo es recaudar 113 millones de dólares adicionales para financiar nuestros programas, de manera que podamos llegar a un total de 14 millones de personas.

Más información


Informe El virus del hambre. El coronavirus agrava el hambre en un mundo hambriento.


Testimonios y fotos que reflejan el impacto de la pandemia del Covid-19 en la situación alimentaria y el hambre.  Exclusivamente para su uso en el marco del informe y la nota de prensa.  


El PMA estima que el número de personas en situación de hambre de nivel de crisis, definida como un nivel 3 o superior en la clasificación CIF (Clasificación Integrada de las Fases de Inseguridad Alimentaria, IPC por sus siglas en inglés), se incrementará en aproximadamente 121 millones de personas este año a consecuencia de los impactos socioeconómicos de la pandemia. Se estima que la tasa de mortalidad diaria provocada por un nivel 3 o superior en la clasificación CIF es de 0,5-0.99 por cada 10.000 personas, lo cual equivale a entre 6.000 y 12.000 fallecimientos diarios por hambre a causa de los impactos de la pandemia antes de que acabe 2020. La tasa de mortalidad diaria registrada a nivel mundial a causa del COVID-19 alcanzó su punto más alto registrado en abril de 2020, con algo más de 10000 fallecimientos diarios, y ha oscilado entre aproximadamente 5.000 y 7.000 muertes diarias desde entonces (según datos de la Universidad John Hopkins). Si bien es imposible tener certeza sobre estas previsiones, lo cierto es que, si no nos desviamos de estas tendencias en lo que queda de año y las estimaciones del PMA respecto al incremento en el número de personas en una situación de hambre de nivel de crisis se cumplen, es probable que la tasa de mortalidad diaria a causa del hambre provocada por los impactos socioeconómicos de la pandemia supere la tasa de mortalidad provocada por la enfermedad antes de que acabe 2020. Es importante señalar que es posible que estas cifras se superpongan, ya que algunas de las muertes provocadas por el COVID-19 estarán relacionadas también con la desnutrición.


Oxfam Intermón ha compilado los datos disponibles sobre el pago de dividendos de ocho de las mayores empresas de alimentación y bebidas del mundo hasta principios de julio de 2020, utilizando para ello varias fuentes como las propias empresas y las páginas web del NASDAQ y Bloomberg. Las cifras están redondeadas al millón más cercano, y son las siguientes: Coca-Cola (3.522 millones de dólares), Danone (1.348 millones de dólares), General Mills (594 millones de dólares), Kellogg (391 millones de dólares), Mondelez (408 millones de dólares), Nestlé (8.248 millones de dólares para todo el año), PepsiCo (2.749 millones de dólares) y Unilever (dividendos estimados en 1.180 millones de dólares). La mayoría de estas empresas ha puesto en marcha iniciativas para hacer frente al Covid-19 y/o el hambre a nivel global.


Los diez “puntos críticos” del hambre son: Yemen, la República Democrática del Congo (RDC), Afganistán, Venezuela, las zonas sahelianas del África occidental, Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, Siria y Haití.

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