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21 octubre 2017

Nuevo Equipo de Gobierno tras la celebración de la XXXV Asamblea de la Coordinadora de ONGD España

Nuevo Equipo de Gobierno tras la celebración de la XXXV Asamblea de la Coordinadora de ONGD España

La celebración de la XXXV Asamblea General Ordinaria de la Coordinadora da paso a un nuevo Equipo de Gobierno y cambios estatutarios que permiten la entrada de nuevos perfiles miembros – entidades asociadas-.

Fuente: Coordinadora de ONGDs de España

 

La celebración de la XXXV Asamblea General Ordinaria de la Coordinadora da paso a un nuevo Equipo de Gobierno y cambios estatutarios que permiten la entrada de nuevos perfiles miembros – entidades asociadas-.

 

1 de Abril de 2017. La Coordinadora de ONGD-España  ha celebrado su XXXV Asamblea General Ordinaria en la que participaron 66 ONGD y  13  Coordinadoras Autonómicas.  En un contexto de enorme preocupación por la situación de las personas refugiadas  y migrantes y por la nula  respuesta de Europa ante esta crisis, el encuentro  fue inaugurado por una conferencia a  cargo de Helena Malena, periodista e investigadora especialista en migraciones y trata de personas (ver online).

 

El encuentro sirvió para aprobar cambios en los Estatutos que permiten hacer efectiva  la incorporación de una nueva figura  socia -entidad asociada- con el fin de fortalecer la base social, así como para  ampliar el Marco Estratégico 2012-2016 hasta el 2018.

 

Asimismo, los indicadores y el procedimiento regulador de la Herramienta de Transparencia y Buen Gobierno,  ha sufrido modificaciones que permiten clarificar las sanciones para las entidades que no superan la Herramienta.

 

La nueva Junta de Gobierno queda compuesta por las siguientes personas:

 

 

  • Andrés Rodríguez Amayuelas, de la Coordinadora de ONGD de Castilla y León. Presidente

 

  • Francesc Mateu i Hosta, de Oxfam Intermón. Vicepresidente 1º

 

  • Gema Filgueira Garrido, de la Coordinadora Galega de ONGD. Vicepresidenta 2ª

 

  • Jaime Bará Viñas, de Cruz Roja Española. Secretario

 

  • Ramón Muñagorri Triana, de Alianza por la Solidaridad. Vocal

 

  • Marco Gordillo Zamora, de Manos Unidas. Vocal

 

  • Ángel González Navas, de Ayuda en Acción. Vocal

 

  • Marta Iglesias López, del Movimiento por la Paz (MPDL). Vocal

 

  • María del Mar Palacios Córdoba, de InteRed. Vocal

 

  • Irene Ortega Guerrero, de Entreculturas. Vocal

 

  • Manuel Gómez Galán, de CIDEAL. Vocal

 

  • Manuel Martínez Ocón, de la Coordinadora Andaluza de ONGD. Vocal

 

  • Ana Fernández Noya, Sed. Vocal

 

  • Clarisa Giamello, de la Fundación Educación y Cooperación (EDUCO). Vocal

 

  • Felipe Noya Álvarez, Médicos del Mundo. Vocal

 

 

La Asamblea General aprobó una resolución que alerta sobre las principales preocupaciones y retos que tenemos por delante, y la necesidad de afrontarlos juntas, de la mano de distintas organizaciones y colectivos sociales.

 

RESOLUCIÓN

 

En abril de 1987, la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo publicó su informe “Nuestro futuro en común”, afirmando que era posible alcanzar niveles de vida dignos sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras y respetando la esfera pequeña y frágil que es la Tierra en la inmensidad del universo. Era la primera vez que en el ámbito internacional se empleaba el termino sostenibilidad. Aunque el documento alertaba sobre los problemas medioambientales causados por los seres humanos, también afirmaban que “tenemos el poder de reconciliar los asuntos humanos con las leyes naturales y prosperar en el proceso”.

 

30 años después, las evidencias que arrojan estudios y estadísticas demuestran que ese poder no se ha empleado de forma efectiva. Mientras la economía mundial creció en un 75% entre 1992 y 2010, la desigualdad ha seguido creciendo en este mismo periodo, hasta alcanzar situaciones tan obscenas como que 8 hombres multimillonarios acaparen la misma riqueza que la mitad de la población del planeta, 3.600 millones de personas. Cuando 1.400 millones de personas viven en condiciones de pobreza extrema y 1.000 millones pasan hambre, nuestras sociedades se fracturan y se debilitan. Ni siquiera hemos sido capaces de romper la desigualdad de género que impiden que el 50% de la población disfrute plenamente de sus derechos y oportunidades y que supone que el 70% de los pobres sean mujeres. Unos pocos se enriquecen a costa de empobrecer a la inmensa mayoría y a costa de maltratar el planeta que habitamos.

 

El planeta, al borde del abismo

 

En los últimos cincuenta años, hemos transformado los ecosistemas de manera más rápida y extensiva que en ningún otro periodo de la historia, lo que ha contribuido a la mejora de las condiciones de vida en muchos lugares del mundo pero también han provocado una sustancial, enorme e irreversible pérdida de la biodiversidad de la Tierra. Solo entre 1970 y 2012 la población mundial de peces, aves, mamíferos, anfibios y reptiles disminuyó un 58% con la consiguiente degradación de ecosistemas e incremento de los riesgos de alteraciones imprevisibles en ellos.

 

Este panorama ha llevado a que la idea del cambio climático como hipótesis a finales de los ochenta haya dado paso a un amplio consenso científico sobre su presencia y efectos, al constatar que la temperatura media de la superficie terrestre y oceánica aumenta cada vez más rápido a causa del incremento de la concentración atmosférica en CO2 que, a su vez, está vinculada a los modos de producción y estilos de vida contemporáneos. No en vano a esta época ya se la está denominando antropoceno. Solo en los últimos 40 años hemos duplicado nuestra huella ecológica y actualmente necesitamos dos planetas para prestar los servicios que reclama el sistema actual de consumo, aunque si tratáramos de vivir al ritmo de los EEUU necesitaríamos seis. Es una injusticia que las poblaciones que menos han contribuido al calentamiento global sean las más vulnerables a sus consecuencias.

 

La mayor crisis de migración y refugio desde la II Guerra Mundial

 

65 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares. Algunas, precisamente, por el cambio climático; otras por guerras y complejos conflictos; por violaciones sistemáticas de derechos humanos o por pura miseria. Mientras tanto, el comercio de armas continúa al alza. Aunque se desconocen los datos totales, se calcula que la industria armamentística moviliza 100.000 millones de dólares al año. Como desconocidas son las actuaciones de las empresas extractivas que esquilman los recursos naturales de amplias zonas del planeta. Unas 25.000 personas mueren al día de hambre  sin que merezcan un solo titular en los medios. Asistimos a la peor crisis humanitaria de los últimos 70 años. Naciones Unidas alerta del riesgo de hambruna para 20 millones de personas.

 

Y mientras millones de personas se ven expulsadas de sus hogares, se construyen muros, se violan derechos humanos en las fronteras y se expulsa a quienes buscan una vida digna. Con la paradoja de que a todas estas víctimas de nuestro sistema están siendo criminalizadas con un discurso xenófobo que cada vez aglutina más gente y que nos retrotrae a épocas que parecían superadas y en las que la infamia campaba a sus anchas.

 

Cada vez es más evidente que no hay crisis separadas, ambiental, social y de valores, sino una compleja crisis socio-ambiental y de valores. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a las personas excluidas y, simultáneamente, cuidar la naturaleza y garantizar los derechos humanos en cualquier lugar del mundo.

 

Agendas internacionales diversas

 

En septiembre de 2015, los representantes de Naciones Unidas aprobaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible que conforman la conocida como Agenda 2030. Se presentó como un nuevo contrato entre las naciones del planeta caracterizado por la transversalidad de los tres pilares del desarrollo sostenible: económico, social y ambiental, por la universalidad de su aplicación y por su integralidad al no establecer objetivos más importantes que otros. Este nuevo acuerdo marco está formulado en torno a cinco ejes centrales: planeta, personas, prosperidad, paz y alianzas, que invitan a una acción concertada, aunque no vinculante, para resolver o minimizar los graves problemas actuales.

 

Sin embargo, no hay que caer en la tentación de pensar que es la única agenda, ni siquiera la más relevante, en la que se toman las decisiones que afectan a las causas de la pobreza, la desigualdad y la insostenibilidad. Es un marco de referencia que está en disputa con otros que pretenden resolver dichos problemas por la vía del crecimiento ilimitado, los acuerdos comerciales, las armas, el cierre de fronteras o el ultranacionalismo económico. Más allá del comprensible entusiasmo oficial, derivado del hecho de que 193 países se pongan de acuerdo en un texto que recoge los mejores deseos para los próximos 15 años, el resultado para mucha gente fue menos ambicioso de lo que nos hubiera gustado, pues hubo una omisión de las garantías en términos de derechos humanos.

 

Somos conscientes de que esta Agenda no tendrá ninguna viabilidad si la ciudadanía y los actores sociales, políticos y económicos no identifican en ella una oportunidad de prosperidad solidaria dentro del respeto a los límites del planeta, utilizándola como herramienta de incidencia política y social a todos los niveles. Y para ello, es necesario un aterrizaje de los Objetivos de Desarrollo Sostenible lo más cerca posible de las personas, de sus preocupaciones y sus anhelos, de ahí que la apropiación de los mismos por la sociedad articulada y las administraciones locales y autonómicas de forma coordinada, sea el primer paso que debamos dar.

 

Así mismo, para el avance en la Agenda es fundamental insistir en la Coherencia de Políticas para el Desarrollo Sostenible. Más allá del tecnicismo, lo que queremos poner de relieve es la urgente necesidad de mejorar la calidad de la acción de los gobiernos con un mecanismo esencial a la hora de desplegar la agenda. Los máximos responsables políticos, que van a detentar la responsabilidad de definir los indicadores y cumplir metas y objetivos, necesitarán de un análisis acertado y honesto que ayude a detectar y corregir las incoherencias de la acción política para conseguir que toda la acción gubernamental camine en la dirección correcta sin que unos impulsos contrarresten a otros.

 

Juntas somos más fuertes

 

Junto a un amplio abanico de organizaciones del ámbito de la acción social, del ecologismo, de defensa de los derechos humanos y de los derechos de las mujeres, de la economía social y solidaria, del mundo académico y sindical hemos transmitido al gobierno la importancia de avanzar en la apropiación de la Agenda 2030 con un liderazgo y coordinación al máximo nivel de gobierno, adscrito a la Presidencia.

 

Además, en estos últimos años, nos hemos esforzado en acompañar esos procesos, con reflexiones internas y externas, con cambios en nuestras estructuras, y con el acercamiento a otros actores sociales. Y hemos caminado en paralelo, en múltiples lugares, a distintos ritmos. Ejemplo de ello son las plataformas de Pobreza Cero, la Alianza Española contra la Pobreza, el proceso de Futuro en Común, las acciones contra el TTIP y las movilizaciones a favor de los derechos de las personas refugiadas y migrantes.

 

Queremos avanzar en una reflexión compartida con otros sectores, en torno a los ejes estratégicos que nos pueden ayudar a proponer otro desarrollo, donde las personas y el planeta sean el centro; donde identifiquemos los principales factores que imposibilitan o facilitan ese desarrollo; y, especialmente, a las estrategias y alianzas con mayor potencial de transformación social. Nos proponemos un camino colectivo de reflexión, a partir de las múltiples experiencias y visiones, hacia una nueva forma de interpretar y actuar sobre la realidad, por lo que seguiremos apostando tanto por Futuro en Común como por Quórum Global, como procesos de encuentro, debate y construcción de una ciudadanía crítica con perspectiva global, vigilante y activa.

 

Las organizaciones de cooperación para el desarrollo estamos convencidas de que pasar de la acción local a la justicia global solo será posible si lo intentamos junto a otras organizaciones sociales y tratando de recuperar la alegría de trabajar por “un desarrollo social, económico, cultural y político; en el que todas las personas, sin discriminación, pueden ejercer su derecho a participar de forma equitativa para mejorar constantemente su bienestar”.

 

Descargar resolución en PDF

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